Este sábado, entre 20:30 y 21:30, se celebra la Hora del Planeta. Persones, empresas, organizaciones y administraciones apagaran las luces durante una hora para luchar contra el cambio climático. Ante iniciativas como estas suele aparecer la pregunta: Y esto… ¿para qué sirve?

¿Para ahorrar energía? Aunque el domingo, junto a imágenes de edificios emblemáticos a oscuras, nos enseñen un gráfico de la reducción del consumo eléctrico, esta disminución será inapreciable en el consumo energético global. ¿Para concienciar? Puede, pero reconozcamos que el sábado habrá mucho Green Washing.

Este año, la Hora del Planeta coincide en unos días en que somos especialmente conscientes del impacto de la energía: el incremento del precio de los carburantes derivado de conflictos políticos y sociales, el debate nuclear tras el tsunami en Japón. La Hora del Planeta es la excusa para compartir una preocupación global por el cambio climático, que debe extenderse a lo largo del año con acciones concretas. Es el momento de cargar pilas y de compartir un proyecto sostenible cada vez con más gente.

Es como el Día del Padre, una pretexto para que tus hijos te regalen una corbata, pero una oportunidad para recordar afectos que a veces –en el día a día y las riñas del “no te dejo salir hasta tan tarde”– se nos olvidan.

Yo, el sábado, apagaré las luces.